CENTAUROS

Por esto se produjo la contienda entre hombres y centauros, y aquél fue el primero que encontró el mal para sí mismo por haberse cargado de vino.
(Homero. La Odisea)

Eforos y aedos

Desde el inicio de los tiempos, el hombre ha sentido la necesidad de alzar la mirada y encontrar entre las estrellas a aquellos a los que ha sentido inmortales. Dioses, héroes, y monstruos fueron perpetuados en el firmamento, unos junto a los otros, tras unir cada punto luminoso para formar una constelación y bautizarla con un nombre único. Era su manera de representar a los protagonistas de todas estas historias fantásticas que, a la luz de los hogares, se han ido narrando con todo lujo de detalles. Y así, se han transmitido de generación en generación sin perder ni un ápice de la devoción con la que fueron imaginadas, hasta llegar a nuestros días.

De entre todos los seres mitológicos que han dado nombre a las constelaciones que hoy conocemos, destacaremos en esta ocasión la figura de una especie fascinante, mitad hombre, mitad caballo, y que está localizada en dos regiones del cielo diferentes. Viajero, tú que has recorrido el mundo de uno a otro confín, descansa junto a nosotros porque yo, Jocasta de Tebas,  me dispongo a narrar la singular historia de los centauros, que se han ganado un lugar en la estela Zodiacal bajo el mismo nombre.

Escucha con atención. El relato de los hombres bestia está a punto de comenzar.

Centauros. Su estirpe

El vocablo “centauro” proviene del griego centauroi, y que tiene el curioso significado de  “los que alancean los toros”. Esa misma palabra ha constituido la base de la palabra latina centuria, que significa “grupo guerrero formado por cien hombres”.

Remitiéndonos al folklore que rodea esta especie fascinante, el aspecto físico de los centauros ha sufrido una evolución desde las primitivas representaciones en vasos y ánforas hasta nuestros días. La más antigua de las imágenes refleja una bestia de torso humano con patas de caballo, en sustitución de las piernas humanas, muy similares a los sátiros. Imágenes posteriores ya presentan cuerpos humanos unidos al final de la espalda a cuartos traseros de caballo. Pero es quizás la última imagen la más extendida, gracias a las esculturas romanas que se conservan en la actualidad:  cuatros traseros y delanteros unidos a un torso masculino, sin piernas humanas.

Existen pocas fuentes que hablen de centauros femeninos y es de suponer que fueron incluidas en las odas en un periodo tardío; los centauros perpetuaban su especie con yeguas de Magnesia, lugar situado en Tesalia y de dónde era originario el primero de los centauros, el que les dio nombre como especie.

Tradicionalmente, los centauros solían vivir en cuevas y no en casas o palacios, aunque sabemos que algunos de ellos eran considerados como nobles y tratados como tales. No existen registros que nos indiquen si estas cuevas estaban situadas al azar en las montañas o formaban un entramado de viviendas simulando un poblado. Lo que sí ha definido a los centauros como especie es su violencia y su salvajismo en estado de embriaguez, puesto que han protagonizado la misma escena de raptos, asaltos y violaciones —en diferentes escenarios— tras haber ingerido una fuerte cantidad de vino en distintos mitos y leyendas.

Esta violencia los ha convertido en enemigos acérrimos de los hombres, y en concreto, del pueblo lapita, en Tesalia (con quienes comparten ascendencia). Han tenido diversas confrontaciones con éstos con resultados dispares, y su odio lleva perpetuándose desde los tiempos de Teseo; el punto más álgido de su enemistad surge a raíz de la boda de Pirítoo con Hipodamía, que se salda con una batalla campal y la expulsión de estos seres de sus lugares de caza y de residencia, que tradicionalmente han estado en las inmediaciones del Monte Pelión.

Sus armas suelen ser tan rústicas como ellos mismos, y la mayor parte portan lanzas largas, porras, hachas y cualquier objeto susceptible de ser arrojado. No parecen tener  jerarquización militar a la hora de combatir contra sus enemigos —no se conocen centauros que posean rango o ejércitos—, y cuando llega la hora de la derrota huyen hacia diversos lugares para refugiarse en reinos vecinos o bajo el manto protector de alguna divinidad. Por eso se han contabilizado grupos de centauros asentados en Magnesia (su lugar exacto de origen), en Malea, en Fólos (se decía que Sileno era natural de ese lugar) y en las montañas de Eleusis, (bajo la protección de Poseidón), entre otros lugares.

Pero no todos los centauros son seres criminales o dominados por las bajas pasiones. En concreto, y para tener una visión global de la dualidad humana/animal de estos seres, destacamos a dos de ellos que se convirtieron en leyenda por sus acciones, sin renunciar a su naturaleza pero imponiéndose a sus instintos. Sus nombres son Folo y Quirón, y han quedado perpetuados en el cielo nocturno bajo la constelación del Centauro.

Centauros. Su nacimiento

El nacimiento de este ser, mitad hombre y mitad caballo, está rodeado de acontecimientos que pueden justifican su naturaleza salvaje y su bestialidad. El primero de todos ellos y el que dio nombre a la raza, fue concebido en Néfele, divinidad—nube, e Ixión, nieto de Flegias, señor de los Lápitas. Ixión tenía en perspectiva casarse con la hija de Deyonero, Día, y para tal evento prometió dar un banquete en su honor y agasajar a la familia con abundantes regalos, pero antes de la boda tuvo la ocurrencia de tenderle a su futuro suegro una trampa y Deyonero murió tras caer en ella.

Este comportamiento disgustó a los dioses del Olimpo, aunque Zeus intercedió por él y no sólo ignoró su macabro acto, sino que además, lo invitó a su mesa. Ixión, mezquino y borracho, fue directo a seducir a Hera, convencido de que las infidelidades de su esposo la conducirían a su cama, pero no contó con la previsión del Amontonador de Nubes, que hizo de una de ellas una falsa Hera, la cual yació con el desagradecido invitado. Zeus hizo su aparición en mitad del acto y castigó a Ixión de forma ejemplar: lo condenó a permanecer atado a una rueda ardiendo durante toda la eternidad.

El hijo nacido de esta singular pareja —la Hera creada de una nube pasó a ser conocida como Néfele— era mitad hombre, mitad caballo. En la edad adulta, y junto a yeguas magnesias, engendró caballos/centauros, de los cuales (según algunas fuentes)  destacó el famosísimo Quirón.

La historia de los Lapitas

Ixión, que concibió a Centauro con Néfele, tuvo con Día a Pirítoo, uno de los héroes con mayor renombre en Grecia, y no solo por sí mismo, sino por ser el compañero de Teseo, el ateniense. Se desposó con Hipodamía, y al banquete invitó a todos los olímpicos a excepción de Ares y a Eiris, porque temía que el evento terminara de la misma forma que el enlace de Tetis y Peleo, con la famosa Manzana de la Discordia. Fue un error que no tardó en convertirse en tragedia, porque entre los invitados estaban los centauros, primos de Pirítoo y compatriotas de éste. Se acomodaron en la cercanía de una cueva y degustaron leche agria, que era el alimento que les habían ofrecido como bebida. Pero al detectar el aroma del vino, salieron corriendo a llenar sus copas —cuernos de plata, dicen las leyendas— e ingirieron una gran cantidad de vino fuerte, sin mezclar con agua. Como resultado, la embriaguez los convirtió en unos seres lascivos y violentos, y uno de ellos, Euritión, se abalanzó sobre la novia con intención de violarla. Sus hermanos se dedicaron a asaltar a jóvenes y mujeres, sembrando el pánico en la celebración.

Teseo y Pirítoo persiguieron a Euritión para rescatar a Hipodamía, le cortaron las orejas y nariz y lo expulsaron de la cueva. Los centauros no se quedaron atrás, y Una  baja en el lado de los lapitas fue Ceneo, y la disputa se alargó hasta el anochecer.

Como consecuencia de ese enfrentamiento, Teseo se dedicó a perseguirlos hasta expulsarlos del Monte Pelión, donde estaban situados sus lugares de caza, obligándolos a habitar en las inmediaciones del monte Pindo y del monte Eta. Sin embargo, los centauros contraatacaron y en una incursión exterminaron al grueso del ejército lapita; los supervivientes huyeron a Fóloe,  en la región de la Elide. Los centauros también los persiguieron y expulsaron de ese lugar y se hicieron con el control de la región, convirtiéndola en su ciudadela. Los lápitas terminaron instalándose en Malea.

La disputa entre los centauros y los lapitas en la boda de Piritoo se encuentra retratada en uno de los frixos del templo de Zeus en Olimpia. La contienda fue conocida como Centauromaquia, y una gran parte de estas estatuas se encuentra en el museo de Olimpia.

Nombres insignes de Centauros

Si bien los dos nombres que más resuenan como centauros en el saber popular son Quirón y Folo, no son los únicos que han trascendido desde las leyendas antiguas hasta nuestros días. De la batalla contra los lapitas está el llamado Euritión, del que hemos hablado anteriormente, así como Bianor, Neso, el ya mencionado Quirón, de procedencia distinta a sus hermanos de especie y Croto, que fue convertido en la constelación de Sagitario.

Fuentes bibliográficas

  • Los Mitos Griegos. Robert Graves. Alianza Editorial. 1985
  • La Odisea. Homero. M. E. Editores. 1994
  • Todos los dioses de Grecia. Richard Buxton. Oberón, 2004
  • Diccionario de Mitología Griega y Romana. Pierre Grimal. Paidós, 2008
  • El gran libro de la mitología griega. Robin Hard. La esfera de los libros, 2009
  • Diccionario de Mitología Clásica. Jenny March. Crítica S.L. 1998