EL LEÓN DE NEMEA

… y luego, al León nemeo que crió Hera, la esposa venerable de Zeus, y que situó en la fértil Nemea, para ruina de los hombres.
(Hesíodo. La Teogonía)

Eforos y aedos

El mundo mitológico está repleto de seres fantásticos con poderes sobrenaturales, monstruos capaces de escupir fuego, de convertir a los hombres en piedra y de infundir los miedos más irracionales a aquellos que insultaron con sus actos a los dioses. Estas criaturas, de las más variadas formas, han protagonizado canciones y poemas, y aunque sucumbieron ante los héroes que terminaron con sus vidas, fueron estos los que, a su vez, los convirtieron en leyenda.

Siéntate, viajero, porque Némesis, señora de la Oscuridad, y Jocasta, reina de Tebas, celebran que el sol tiene su casa en el signo del León y le rinden homenaje explicándonos el mito de la constelación de Leo. ¿Escuchas el rugido del León de Nemea? Es porque el relato está a punto de comenzar.

El León de Nemea. Nacimiento y estirpe

Cuentan los antiguos que en la región de Nemea, situada en la Argólide, habitaba un león de enormes dimensiones cuya piel estaba hecha a prueba de hierro, bronce y piedra. Sobre su nacimiento las fuentes no se ponen de acuerdo. Unas dicen que fue Selene, por expreso deseo de Hera, quien creó al león con espuma de mar encerrada en un gran cofre, y que fue llevado a las montañas de Nemea por Iris, dejándolo en una cueva con dos entradas situada a tres kilómetros de la ciudad. Otra, indican que el león era hijo de Tifón y Edquina, o que provenía de la unión entre la Quimera y el perro Ortro. También se dice que fue parido por la propia Selene, quien lo dejó caer en el monte Tetro, lugar cercano a Nemea. El león se alimentaba de los pastores y sus ganados, diezmando de hombres y de reses toda la región.

La venganza de Hera

El rey de la Argólida era Euristeo, primo de Heracles. Ambos eran nietos de Perseo y de no ser por la mediación de Hera, sería el propio Heracles quién se sentara en el trono de Argos. Esta región, situada en el Peloponeso, comprendía una gran extensión donde estaban situadas, entre otras, Corinto, Tirinto, Nemea, Lerna y Argos, a la postre, la ciudad estado más poderosa de todas ellas. Heracles, al ser hijo de Alcmena y Zeus, se ganó la ira de Hera, quién se dedicó a complicarle la existencia durante toda su vida.

Fue ella la que le insufló una locura transitoria que tuvo como resultado la muerte de los hijos de Heracles a sus propias manos. Como expiación, Heracles tuvo que efectuar los famosísimos Doce Trabajos, que impondría Euristeo inspirado por Hera.

El León de Nemea se enfrenta a Heracles

Para hacer frente al primero de los trabajos, Heracles se pertrechó de diversas armas, casi todas de origen divino. Poseía una armadura forjada por Hefesto, así como un arco y flechas que habían pertenecido al propio Apolo. De Tebas tomó un olivo y con él forjó la famosísima maza que lo acompañaría durante todas sus aventuras.

Con este atuendo se dirigió a Nemea, dispuesto a matar al león que campaba por sus anchas por la región. El monstruo vivía en una cueva con dos entradas, situada en el monte Tetro, y cuando Heracles llegó al lugar, se encontró que estaba despoblado, ya que el león había devorado a todos sus habitantes. Esperó hasta que lo vio aparecer cubierto de sangre por la matanza realizada ese día. Sin dudar, Heracles atacó al león lanzándole una serie de flechas, las cuales rebotaron sobre su espesa piel sin hacerle rasguño alguno. Al ver el resultado, decidió utilizar su espada, otorgada por Hermes, pero ésta se dobló al entrar en contacto con el cuerpo del león. Viendo que tampoco resultaba, tomó la maza de madera de olivo, (algunos autores aseguran que la maza era el olivo entero), y le asestó un golpe en la cabeza, con el resultado de que la maza acabó rota. El león no reaccionó ante tal golpe y se metió en su cueva. Heracles desesperado, ya que veía que no había forma de derrotarle, decidió emplear el último recurso que le quedaba, la fuerza bruta, y para ello cogió una red hecha de bronce y con ella tapó la salida más pequeña de la cueva. A continuación se introdujo por la otra entrada y agarró al león por el cuello para así estrangularle. La bestia le arrancó un dedo de un mordisco, pero no le sirvió de mucho: cayó al suelo, asfixiado.

Una vez muerto el león, Heracles utilizó las garras del animal a modo de cuchillo para confeccionarse un casco con la cabeza y usar la piel como armadura, ya que le había llamado la atención que ésta no se destruyera con el fuego o su resistencia al hierro. Vestido con su nueva indumentaria, Heracles cargó con la bestia en sus hombros y se dirigió a Micenas donde Euristeo se quedó perplejo al ver la hazaña de su primo. Cuenta Homero que Euristeo, un ser mezquino y egoísta, le prohibió la entrada a la ciudad y le ordenó que los frutos de sus trabajos debía exhibirlos a las puertas de la misma.

Zeus, (o Hera, en otros mitos) que había presenciado la asombrosa hazaña del héroe, decidió darle el nombre del león a una de las constelaciones, para así honrarle y fuera recordado en la posterioridad.

Fuentes bibliográficas

  • Los Mitos Griegos II. Robert Graves. Alianza Editorial. 1985
  • La Odisea. Homero. M. E. Editores. 1994
  • Dioses y Héroes de la Antigua Grecia. Robert Graves. Ed. Millenium. 1999
  • Diccionario de Mitología Griega y Romana. Pierre Grimal. Paidós, 2008
  • El gran libro de la mitología griega. Robin Hard. La esfera de los libros, 2009
  • Diccionario de Mitología Clásica. Jenny March. Crítica S.L. 1998
  • Dioses y Héroes Griegos. Blas Carmona. Ed. Bolsillo Juvenil.1988
  • Poemas Hesiódicos. Hesíodo. Akal Clásica. 1990