GANIMEDES

… y éste dio el ser a tres hijos irreprensibles: Ilo, Asáraco y el deiforme Ganímedes, el más hermoso de los hombres, a quien arrebataron los dioses a causa de su belleza para que escanciara el néctar a Zeus y viviera con los inmortales.
(Homero. La Iliada)

Eforos y aedos

Desde el inicio de los tiempos, el hombre ha tratado de dar explicación a todo tipo de fenómenos que se escapan de su comprensión, y lo ha hecho creando un sinfín de historias protagonizada por dioses y héroes. Y como no podía ser de otra forma, dotó a los dioses del albedrío que él mismo podía disfrutar, creándolos a su imagen y semejanza, con sus intrigas, odios, celos e historias de amor que han llegado, casi inmaculadas, a nuestros días.

Nosotras, Eos, —señora del Amanecer—, y yo, Jocasta —reina de Tebas—, trataremos de resumir, de la forma más respetuosa y humilde posible, la historia de amor entre Zeus, el padre de los dioses, y Ganímedes, su joven compañero, al que podemos reconocer en el cielo como Acuario, el copero divino, y uno de los caballeros dorados que tienen un lugar de honor en Tebas, la ciudad de las Siete Puertas.

Troya. La patria de Ganímedes

Si existe una ciudad famosa en la historia y el mito tanto por su importancia como por los hechos que acontecieron en ella, sin duda es Troya. La Tróade ha sido mudo escenario de la guerra entre dioses y la guerra entre hombres, olímpicos contra olímpicos, aqueos contra troyanos, y Homero, en la Ilíada, cuenta el último de los diez años de sitio hasta la caída de la ciudad, su ruina y también la de los habitantes de uno de los enclaves más notorios de toda la historia y mitología universal. Troya es la patria de Príamo y de Héctor, de Troilo y de Paris, además del hogar de Casandra y de Andrómaca. Pero lo es también de otros personajes populares, como Eneas, Telamón, Anquises y también de Ganímedes, el que nos ocupa.

Un lugar como este, lleno de protagonistas ilustres, no surge al margen de los designios divinos. Para comprenderlo, debemos trasladarnos a la fundación de su primer asentamiento. Dárdano, hijo de Zeus había arribado a las costas de la península de la Anatolia justo después del Diluvio, mientras navegaba sobre un odre de vino inflado desde su casa, situada en la isla de Samotracia. En la constituida Dardania tuvo dos hijos (Erictonio e Ilo) y varios nietos, y uno de ellos, Tros, bautizó a la región como “Troia”. De Tros descienden Ganímedes e Ilo y fue este último el que obedeció las indicaciones de un oráculo que le ordenaba seguir a una vaca hasta que se parase a descansar. Cuando la vaca se tumbó en un punto determinado, Ilo fundó la ciudad de Ilión, la que más adelante hemos conocido con el nombre de Troya.

Ganímedes. Personalidad

Ganímedes era hijo de Tros y de Callíroe, y se decía de él que era el joven vivo más bello que existía, por lo que Zeus, al verle, deseó al instante apoderarse de él. Metamorfoseándose en águila (uno de los animales consagrados a este dios), o incluso tocado con las propias alas (según el mito), Zeus lo raptó llevándoselo al Olimpo. El cometido de Ganímedes en el hogar de los dioses sería doble: ocupar el puesto de copero de los dioses y también ser el amante del rey de todos ellos.

El lugar del rapto se sitúa en las llanuras troyanas o alrededores del Monte Ida, cumbre de la cordillera de Misia (la actual Turquía), donde Ganímedes se dedicaba a cuidar de los rebaños de su padre (en clara similitud con las actividades de su descendiente Paris). El monte Ida, como cualquier lugar cercano a los cielos, era lugar sagrado y a su vez, morada de dioses, lo que explica el hecho de la intervención divina y la elección de este efebo —de pelo rubio y recién abandonada la adolescencia— sobre el resto de jóvenes griegos para compartir lecho con el amante más prolífico de todo el Olimpo.

Ganímedes. Amigos y enemigos

Su marcha al Olimpo dejó una profunda aflicción en el corazón de su padre Tros. Sin noticias del muchacho, el soberano de Troia lo buscó hasta que Zeus se apiadó de su pena y, a través de Hermes, le hizo llegar una vid de oro, forjada por las diestras manos de Hefesto, y dos veloces caballos. Tros supo así que su hijo se había convertido en inmortal, que ya sería ajeno a las enfermedades y a la muerte, y también, que se mantendría joven durante toda la eternidad.

Su llegada no fue motivo de alegría para todos los moradores divinos. Aunque el resto de los olímpicos lo recibieron de forma cálida, sólo Hera y su hija Hebe (esposa y copera) mostraron su rechazo ante el recién llegado. La primera tenía un motivo más que significativo: Ganímedes se había convertido en el compañero de juegos sexuales de su esposo, y ella era su esposa legítima y diosa consagrada a la fidelidad en el matrimonio (se explicaría de esta manera el odio que siente la diosa hacia los troyanos, que se refleja claramente en su belicosa postura en la Guerra de Troya). Las quejas no le sirvieron de mucho, puesto que Zeus, en vez de despedir a Ganímedes, lo situó en el firmamento en forma de la constelación de Acuario, el aguador, una de las doce zodiacales. Respecto a Hebe, fue destituida de inmediato por este muchacho, siendo relegada a divinidad de segunda categoría, a pesar de la importancia de ambos progenitores.

Ganímedes, amor y deseo

A pesar del contenido homoerótico de la historia, el personaje de Ganímedes no se puede interpretar como una mera sustitución de la figura femenina por la del joven efebo, sino que va más allá, anulando a las mujeres por completo y “convirtiendo la filosofía en juegos intelectuales” sin la presencia ni la necesidad de las mujeres, puesto que son estos jóvenes hermosos los objetivos de su amor homosexual. Para ello, en los simposios descritos por Platón, el amor (entre hombres, con frecuencia entre un hombre adulto y un joven) solía ser un tema recurrente, tanto para defenderlo como para detractarlo. El mito de Ganímedes se diferencia diametralmente del mito de Hilas/Jacinto (amantes de Herakles y Apolo/Bóreas respectivamente) puesto que Ganímedes, aunque tiene como misión ser el copero de los dioses, no tiene atribuciones femeninas, sólo escancia, no tiene la obligación de ir en busca del preciado líquido. Se le asocia con una jarra dorada y en los ratos de ocio suele jugar a los dados con el niño Cupido, que mediante las trampas, siempre lo hace perder.

En las cerámicas, se suelen mostrar a los amantes siempre colocados de frente uno al otro, en contraposición con lo que habitualmente se suele considerar “amor homosexual”. En el caso que nos ocupa, cuando Ganímedes acompaña a Zeus en su forma animal, suele estar montado sobre él, y a su lado cuando el dios exhibe su forma humana. El príncipe troyano suele ir vestido únicamente con sandalias y con gorro frigio, (en ocasiones lleva una capa que oculta sus genitales, según la época y la censura cristiana) su cabello se presenta ondulado y su rostro es de joven tranquilo que parece conocer el destino que le espera.

Ganímedes, el secuestro ritual

Existía en la época Minoica un extendido culto hacia las relaciones homosexuales que se instaura por uno de sus reyes, Minos, (posiblemente sea este nombre “Minos” el título que se le asigna a un rey, y no el nombre propio del monarca) acuciado por el hecho de la superpoblación en la isla de Creta. El hombre adulto (erastés) elige a un muchacho joven (erómenos) alejado de su grupo familiar y simula un rapto, llevándoselo lejos y viviendo con él durante un espacio de tiempo. A la vuelta, el amado es agasajado con regalos, representados habitualmente por animales (gallo) y por objetos de contenido lúdico (aro). Esto se refleja en el mito de Ganímedes en los regalos de Zeus al padre, los dos caballos y la vid de oro.

Ganímedes y el arte

Muchos autores han plasmado el mito del rapto desde la antigüedad hasta nuestros días de diversas maneras. Desde las conocidas cráteras y ánforas de cerámica griegas, así como en vasos hasta esculturas y pinturas, Ganímedes es uno de los mitos que ha sido interpretado de forma variopinta por los artistas que han dejado una cantidad notable de obras de arte. Así, los primeros Ganímedes de los que tenemos constancia se encuentran en vasijas áticas y en pequeñas estatuillas, donde Zeus lleva en su brazo a su jovencísimo amante. En épocas posteriores se realizan mosaicos con esta temática —como el romano encontrado en Pafos—, al igual que esculturas, como la realizada en bronce por Leocares, de la que sólo se conserva una copia de época posterior. Miguel Angel y Rembrandt también rindieron homenaje con sus obras al amor entre dios y mortal, al igual que Cellini, Maza, Carracci y Rubens. Thorwaldsen plasma a un hermoso joven dándole de beber al animal en una escena íntima y tierna, una visión más en un universo de representaciones diferentes del mito con un eje en común, la adoración por la belleza y la juventud eterna.

Fuentes bibliográficas

  • Todos los dioses de Grecia. Richard Buxton. Oberón, 2004
  • Introducción a la mitología griega. Carlos García Gual. Alianza Editorial, 2005
  • Los mitos griegos. Robert Graves. Ariel, 2001
  • Enciclopedia Temática Multimedia, Mitología Universal, Editorial F&G, República de Ecuador, 1996
  • La Iliada. Homero. Editorial Losada, 1998
  • El universo, los dioses, los hombres. Jean—Pierre Vernant. Editorial Anagrama, 2007
  • Fedón, Fedro. Platón. Alianza Editorial, 1995
  • Himnos homéricos. Editorial Akal, 2000
  • Historia, novela y tragedia. Carlos García Gual. Editorial Alianza, 2006