ISLAS EÓLIDAS

Un muro indestructible de bronce la rodea, y se yergue como roca pelada.
 
Homero. La Odisea

Eforos y aedos

No hay mente más prodigiosa que la humana, capaz de imaginar los relatos más asombrosos para explicar por qué un grupo de hombres partieron de sus palacios a una guerra en una tierra lejana, en busca de oro, gloria y aventuras. Este es el caso de la epopeya más famosa de todos los tiempos, la Iliada, y de su continuación, la Odisea, donde Odiseo vivirá todo tipo de desventuras mientras se enfrenta a un sinfín de pruebas mientras Penélope, su esposa, lo espera pacientemente en Itaca.

Es la hora de los relatos, y el de hoy va relacionado con un lugar tan emblemático como misterioso, donde Odiseo arribará dos veces: las Islas Eólidas. ¿Quieres acompañarnos? La historia va a comenzar.

Islas Eólidas en la mitología homérica

Seguir las andanzas de Odiseo es tarea complicada, porque en la Odisea se narran diez años de suplicios, de aventuras, de amoríos y de pérdidas, hasta que el rey de Itaca, y hombre de las mil tretas, vuelve al lecho de Penélope y se deshace de los pretendientes de su esposa, a la que trataron de obligar a tomar otro marido.

Sabemos que parte de Ilión, en Troya (Turquía), pero arriba en varios lugares, y uno de ellos es un archipiélago de islas llamado Las Islas Eólidas, o Islas de Eolo, ya que el rey de los vientos tenía allí su morada.

Poca información nos ofrece Homero sobre este lugar. Lo único que cuenta es que es una isla flotante, mágica, con un muro indestructible de bronce y posiblemente con acantilados y promontorios. En esta isla vive Eolo con sus seis hijos y sus seis hijas, casados entre sí, y en su palacio celebran banquetes y reuniones. Odiseo es recibido y agasajado junto a sus hombres durante un mes entero; disfruta de banquetes al son de la flauta, con carnes y comida en abundancia, y relata todo lo sucedido en Ilión, la guerra, las naves, las pérdidas. Tras un tiempo prudencial, le dice que debe continuar su camino, y Eolo le regala un pellejo con todos los vientos en su interior.

Hasta aquí, la descripción del lugar. Más adelante, nos narra que hay una distancia en barco de nueve días y nueve noches hasta Itaca, y que por la estupidez de la tripulación, no consiguen llegar a su destino y vuelven a Eolia empujados por los vientos embravecidos que ellos mismos han desatado. Eolo no tiene palabras amables en esta ocasión y los deja a su destino, sin ayudarles.

Virgilio, en la Eneida, vuelve a hablar de las Eólidas, recogiendo el dato de que están sacudidas por tempestades y que su rey encadena a los vientos para controlarlos y tener así paz; son relatos posteriores que añaden más detalle al lugar, aunque ninguno que añada más contenido a lo dicho por Homero.

Islas Eólidas en la geografía terrestre

Mucha gente piensa que Homero es un autor (o un grupo de ellos) que compuso un poema lleno de incongruencias y de datos reales mezclados con fantasía imposible de contrastar. Sin embargo, estudiosos de la historia protohelénica han demostrado que las Islas Eólidas si existieron y que están situadas muy cerca de Sicilia (morada de los Cíclopes) y junto a la isla Vulcano, sede de la Fragua de Hefesto. Los datos son concluyentes: Lipari, la que se supone que es la base del palacio de Eolo, era de origen volcánico, y al estar muy cerca del Strómboli, las emisiones de ceniza y humo, aparte de los movimientos sísmicos y de los ruidos, excitaban la imaginación de pescadores y viajeros por mar (que era el transporte habitual) y de ahí nacían las leyendas sobre el mítico rey y su poder sobre los vientos (Aíolos Ippotádes, Eolo el guardián y repartidor de vientos).

Estudiosos posteriores de Homero, tales como Plinio y Estrabón, refieren una localización exacta, al norte de Sicilia y a 25 millas de Italia. Plinio puntualiza que la isla Stromboli es la que alberga el palacio de Eolo, ya que es la que expulsa más humos y emisiones volcánicas, dándole al rey capacidad para interpretar y gobernar los vientos.

Respecto a si estas islas estuvieron habitadas o no, hay numerosos estudios que demuestran que sí existió un comercio de la obsidiana y en Lipari se podía encontrar estaño. Esta localización tan idónea para el comercio y para la guerra les supuso una numerosa cantidad de invasiones, tanto de la península como de los pueblos peloponesios. Esto, añadido a incendios y a destrucciones naturales, hicieron que estas islas terminaran prácticamente abandonadas, hasta que en el 580 a. C. volvieron a ser invadidas y de nuevo, colonizadas.

Fuentes bibliográficas

  • La Odisea. Homero. M. E. Editores. 1994
  • Diccionario de Mitología Griega y Romana. Pierre Grimal. Paidós, 2008
  • El gran libro de la mitología griega. Robin Hard. La esfera de los libros, 2009
  • Diccionario de Mitología Clásica. Jenny March. Crítica S.L. 1998
  • El aire. Mitos, ritos y realidades. José A. González Alcantud. y C. Lisón Tolosana. Anthropos, 1999