THANATOS

Cuando los jóvenes mueren, alcanzo una gloria mayor
Thánatos a Apolo en “Alcestis” (Eurípides)

Eforos y aedos

Desde los albores del tiempo, el hombre se ha cuestionado su existencia, desde el origen de la misma hasta su final. La muerte ha sido interpretada como un viaje hacia un Más Allá, con un mundo gobernado por un dios implacable y un ejército de divinidades menores, monstruos y deidades maléficas que personifican todas las desgracias y males que asolan a la Humanidad.

La noche se acerca y es hora de encender las antorchas. Aproxímate, viajero, porque Némesis, señora de la Oscuridad y Jocasta, reina de Tebas, van a hablar sobre uno de los dioses gemelos, Thánatos, señor de la muerte, y una de las divinidades que apoyaban a Hades, dueño del Inframundo. A través de esta narración aprenderemos sobre su lúgubre persona, sus hechos y también sobre aquellos que lo burlaron. Así que, viajero, siéntate junto a nosotros. La historia de Thánatos está a punto de comenzar.

Thánatos. Notas iniciales

Antes de entrar en materia, es necesario dar unas pinceladas sobre cómo entendían los griegos el mundo sobrenatural y las divinidades que habitaban en una de las regiones más oscuras y tétricas, el Inframundo. Para ello, hemos de remitirnos a Hesíodo, que en su obra “Teogonía” nos ofrece un catálogo de seres y de ubicaciones del cual podemos sacar estas conclusiones: En primer lugar, estaba el Caos, fuerza primigenia que lo comprendía todo. No existía nada más que esta esencia, de la cual fueron brotando Urano (el Cielo) y Gea, (la Tierra). Del Caos nacieron también las Montañas, el Mar, las Tinieblas y la Noche, también conocida como Nyx. Eran divinidades conceptuales, ideas que representaban fuerzas sobrenaturales arcaicas, sin forma humana, pero que parieron monstruos formidables, en contraposición con las siguientes generaciones de dioses, que ya compartían con el hombre sus pasiones y su presencia.

El mundo griego distinguía entre muerte violenta y muerte no violenta, y las divinidades subterráneas, como Hades (dios del Inframundo) y Thánatos (divinidad alada de la muerte no violenta), mantenían separados sus campos de actuación, de tal manera que sus acciones no colisionaran entre sí. Así, es imposible confundir a Hades con Thánatos, ya que el primero es el dios Olímpico que reina en el Inframundo, y Thánatos la personificación de la muerte que cumple con los preceptos encargados por sus hermanas, las Moiras, entes que ejecutan los designios del Destino, del que ni los mortales ni los dioses más poderosos podían escapar.

Thánatos. Nacimiento. Atributos

La Noche dio a luz a los dioses gemelos Thánatos e Hypnos, como espíritus emergidos de la propia oscuridad. Sobre la paternidad de estas dos divinidades, diversas fuentes hablan de Erebo, uno de los hermanos de la Noche, aunque también se baraja la posibilidad de que no haya intervenido deidad masculina alguna en su concepción.

No existe ninguna narración sobre la infancia y adolescencia de Thánatos. Lo que sí ha trascendido es su aspecto, inmortalizado en las cerámicas destinadas a los cultos fúnebres griegos: se trata de un geniecillo alado joven, a veces con barba blanca, y cuyos atributos son el ala de una mariposa, una corona o una antorcha invertida en una de sus manos. Las alas son motivo recurrente en estatuillas y en vasijas, ya que lo comparte con su gemelo el Sueño. No es infrecuente verlos tocados con cascos con una sola ala, llevándola cada gemelo en un lado diferente de su cabeza.

Se decía de Thánatos que era aquel que acudía en busca de los cuerpos de los fallecidos, cortaba un mechón de sus cabellos para ofrecer como tributo a Hades y se llevaba sus cuerpos al mundo de los muertos.

Thánatos. Dioses amistosos

Al genio que personificaba la muerte no violenta se le suele asociar con su hermano gemelo, el Sueño, o Hypnos, en la medida en que se les representa discutiendo por las noches, o bien por quién se llevaría primero a los mortales, o bien porque Hypnos se adentraba en las competencias de su hermano cuando los adormecía, limitando el poder de Thánatos. Estas discusiones no les impedía trabajar juntos, y cuando cualquiera de los Olímpicos les hacía un encargo ellos lo ejecutaban con rapidez de forma responsable; así lo refleja Homero en el pasaje de la Iliada donde Apolo les ordena que transporten el cuerpo de Sarpedón a Licia tras ser derrotado por Patroclo en la guerra de Troya, cumpliendo los deseos de Zeus.

Sin embargo, esta divinidad no está asociada a las batallas épicas o a las muertes terribles. Para esa misión estaba las Keres, Ares y todo su séquito de deidades destinadas a la guerra sangrienta, y Hades reinaba sobre el mundo de los muertos, bajo tierra. Thánatos se encargaba de proporcionar el descanso de la muerte con un toque, siempre bajo las directrices de lo que el Destino tuviera deparado para cada uno de los mortales.

Thánatos. Enemigos y batallas

El ámbito de actuación de Thánatos afectaba sólo a los mortales, y carecía de poder alguno sobre los dioses por ser estos inmortales. Esto hizo que fuese odiado por los hombres, quienes le consideraban oscuro, cruel y malvado. Por ser un espíritu asociado al Inframundo, también fue rechazado por el resto de las divinidades.

Thanatos, como el resto de deidades asociadas al Destino y sus designios, no aprobaba el engaño y la manipulación ejercidas por otros dioses. El caso más notorio y el que ha recogido a Thánatos como personaje en una tragedia viene de la mano de Eurípides. Admeto pactó con Apolo (el cuál trabajaba para él como vaquerizo) para conseguir la mano de Alcestis, hija de Pelias. Admeto consiguió la mano de la muchacha, pero en la noche de bodas, no hizo los votos necesarios y Artemis le lanzó una maldición. Apolo intercedió por él, y consiguió de su hermana la promesa de que, en el caso de que Admeto muriera, podría ser sustituido por un ser cercano a él en el reino de los muertos. Este día llegó demasiado rápido, y aunque Admeto trató de conseguir que lo sustituyeran sus ancianos padres (los cuales se negaron en redondo), y a pesar de que Apolo trató de retrasar el funesto momento emborrachando a las parcas y negociando con Thánatos, fue Alcestis la que bebió un veneno y ocupó el lugar de su esposo, sumiéndolo en una profunda consternación. Sólo la intervención de Heracles la sacó del Tártaro/Hades, conmovido por su sacrificio.

Pero el caso más sonado fue, posiblemente, el ocurrido con Sísifo, el cuál fue capaz de burlar los designios divinos en dos ocasiones. Del mortal, se decía que era capaz de conseguir sus propósitos mediante los más arduos engaños. Y así nos lo cuenta el mito donde Zeus rapta a Egina, hija del dios fluvial Asopo, del cual Sísifo fue testigo. Asopo, ante la imposibilidad de encontrar a su hija, solicitó ayuda a Sísifo, quien le facilitó toda la información de los hechos a cambio de la construcción de un manantial en la ciudad de Corinto, de la cual era rey. Zeus, enfurecido por tal acto, envió a Thanatos en busca de Sísifo para acabar con su vida. Pero Sísifo fue más hábil y  consiguió atraparle, encadenándole con unos grilletes, de tal forma que ningún mortal murió durante un largo tiempo.

Pero el ardid no duró mucho tiempo, y Thánatos quedó liberado gracias a la intervención de Ares. Por este y por otros engaños, es uno de los que están condenados en el  Tártaro a sufrir penas eternas por su impiedad y sus mentiras.

Cabe aclarar que las fuentes no son precisas a la hora de identificar al dios encargado de dar muerte a Sísifo, y es habitual confundir a Thánatos con Hades. Y es que, a pesar de la importancia de su papel, Thanatos no es un gran protagonista en la mitología griega, aunque sí ha participado en varias leyendas como hemos visto anteriormente, quizás debido a la presencia de Hades, el dios de los muertos, quien era respetado y temido a partes iguales, y reconocido como un dios poderoso, implacable y del que era imposible escapar.

Fuentes bibliográficas

  • Los Mitos Griegos. Robert Graves. Alianza Editorial. 1985
  • La Teogonía. Hesíodo. Akal. 1995
  • Todos los dioses de Grecia. Richard Buxton. Oberón, 2004
  • Diccionario de Mitología Griega y Romana. Pierre Grimal. Paidós, 2008
  • El gran libro de la mitología griega. Robin Hard. La esfera de los libros, 2009
  • Diccionario de Mitología Clásica. Jenny March. Crítica S.L. 1998
  • Alcestes. Euripides. Pehuén Editores. 2001