VIRGO

Entonces, no pudo soportar más y se elevó al Cielo
(Cayo Julio Higino. Astronomía)

Eforos y aedos

Desde que el hombre alzó la vista a los cielos y puso a sus dioses y héroes en ellos, ha explicado con mitos y leyendas el origen del universo, los terremotos e inundaciones, las plagas e incluso la guerra. Dividió el tiempo y lo aglutinó en forma de horas, días, meses y estaciones, coincidiendo con el inicio de la siembra o el nacimiento de los frutos. El séptimo mes o mes de septiembre ha estado ligado de forma muy estrecha a este ciclo tan importante en la vida de los antiguos griegos. Es, además, un mes donde confluyen los signos de Virgo y Libra, ambos asociados a distintas acepciones de la Justicia.

Pasa y siéntate, viajero. Esta noche repasaremos los mitos referentes a la Justicia y descubriremos, de la mano de nuestra reina, qué leyendas han forjado la constelación de Virgo y a qué diosas podemos encomendarnos en ésta, la era de la Virgen.

Acércate al fuego. El relato está a punto de comenzar.

Notas iniciales

La primera imagen que viene a la mente del profano cuando
escucha la palabra Virgo (la Virgen) es la de una mujer joven con un niño recién nacido en brazos, icono cristiano de la Virgen María. Sin embargo, el mito más antiguo en el que se basa la constelación de Virgo está muy alejado de esa realidad: la mujer alada con una espiga en la mano es una representación de la diosa Isthar, importante divinidad mesopotámica relacionada con la fertilidad y pareja de su hermano Tammuz, dios de las cosechas. Sin embargo, este artículo no pretende ahondar en la historia de Ishtar y Tammuz, sino en la adaptación que hicieron los griegos de este mito, adaptándolo a su propio panteón y creando un nutrido grupo de historias a su alrededor.

Para ello contaremos con la guía de Cayo Julio Higino, esclavo español que, bajo el reinado de Augusto, llegó a ser director de la prestigiosa Biblioteca Palatina. De este autor se conservan dos compendios importantísimos, Astronomía y Fábulas, donde aúna los mitos griegos y su presencia en los cielos.

Virgo. El mito de Erígone

Cuenta Higino en su Fábulas que el dios Líber (Dioniso en la mitología griega) fue agasajado por Icario y su hija Erígone. En compensación por su hospitalidad, les regaló una vid, uvas y un odre lleno de vino y les ordenó que dieran a conocer esta bebida (y su forma de elaborarla) por toda Grecia. Padre e hija obedecieron y llevaron el odre a la región del Atica, patria de Teseo.

Al compartir el vino con unos pastores, estos se desplomaron, completamente ebrios. Creyendo que Icario les había envenenado, lo golpearon hasta matarlo. La perra que los acompañaba, Mera, puso sobre aviso con sus ladridos a Erígone de que algo terrible había pasado. Erígone corrió al encuentro de su padre, pero lo que encontró fue el cuerpo de Icario, por lo que se colgó del árbol junto al que había muerto su progenitor. Líber (Dioniso), furibundo, castigó a los atenienses por tal afrenta y durante bastante tiempo las doncellas de Atenas corrieron la misma suerte que Erígone.

Los atenienses, preocupados por la epidemia de muertes, acudieron al oráculo de Apolo en busca de respuestas. Fueron inflexibles con la orden del dios: castigaron a los pastores e instituyeron un día de fiesta en honor a la hija de Icario que llamaron oscillatio, donde las jóvenes jugaban en columpios y colgaban figurillas de los árboles para que el viento las moviera, como expiación por el ahorcamiento de Erígone. Además, los primeros frutos de cada cosecha se destinaban como ofrenda a los dioses.

Júpiter (Zeus), en uno de los mitos, o el propio Líber (Dioniso) en otro, alzaron a los cielos a la muchacha en forma de constelación de Virgo, a su padre como la estrella Arturo, de la constelación del Boyero, y a la perra Mera como Canícula, conocida también como Can Menor.

Virgo. El mito de Astrea/Justicia

Hesíodo cuenta que Virgo representa a Diké Astrea (la Justicia) hija de Júpiter (Zeus) y Temis, y es frecuentemente confundida con Astrea, también hija de Júpiter (Zeus) y Temis, (o de Eos y Astreo).

Ambas diosas son distintas en el panteón griego y el romano, aunque la base del mito es la misma: la divinidad personificaba a la Justicia, y aborrecía los actos injustos, de tal manera que lloraba a los pies de su padre cuando alguien cometía alguna tropelía. Vivió en la Edad de Oro y de Plata, donde los hombres no atacaban a los hombres y se dedicaban a sus cosechas. A medida que la raza humana se fue envileciendo y llegó la Edad de Bronce, la Justicia decidió abandonar el mundo terrenal y elevarse a los cielos, hastiada de la situación.

Júpiter (Zeus) decidió convertirla en la constelación de Virgo, y en su mano colocó una balanza, la constelación de Libra. No obstante, en algunas derivaciones del mito, se dice que Astrea pasó los últimos días entre los labradores, quizá por ello lleve la espiga en la mano.

Virgo. El mito de Proserpina y su rapto

A pesar de las pocas fuentes que indican que Virgo representa a Ceres, la diosa de las cosechas romana (inspirada en Deméter, su homónima griega), no podemos dejar de lado el hecho de que la constelación de Virgo mantiene un estrecho lazo con el trigo y el vino (sus estrellas principales se llaman Spica y Vindemiatrix, la Espiga y la Vendimiadora, respectivamente) por lo que es primordial relatar uno de los hechos que explica los ciclos de siembra y de recolección, y que viene de la mano de esta diosa.

Hesíodo nos cuenta que Perséfone era hija de Deméter y Zeus, y que mientras jugaba en el campo acompañada de unas ninfas, su tío Hades salió desde las profundidades del Inframundo y la raptó. Deméter, muy unida a su hija, la buscó a lo largo y ancho del mundo, sin conocer el paradero de la muchacha.

Cuando se enteró de quién era el culpable de la desaparición de Perséfone, Deméter (divinidad asociada al trigo) decidió abandonar sus labores como diosa de las cosechas hasta que su hija le fuera devuelta. Se transformó en anciana y trabajó como nodriza en la corte de Eleusis, mientras los campos se secaban y no había frutos que recolectar.

Zeus, alarmado por la situación, ordena a Hades a que restituya a Perséfone a su madre, pero es imposible: la muchacha había ingerido un grano de granada y estaba atada al Inframundo. Zeus, entonces, decide negociar con su hermano y consigue que Perséfone pase seis meses en el Inframundo (momento en que se siembra) y otros seis meses junto a su madre (época de recolección).

Fuentes bibliográficas

  • Diccionario de Mitología Griega y Romana. Pierre Grimal. Paidós, 2008
  • El gran libro de la mitología griega. Robin Hard. La esfera de los libros, 2009
  • Fábulas. Astronomía. Cayo Julio Higino. Akal, 2008